Alejandro Aguirre Riveros

@SaludEmergente

A finales de enero del presente año se publicó en el portal de The Lancet —  una prestigiosa revista médica británica — el resultado de una investigación reveladora: un nuevo estudio realizado en Barcelona, España, encontró que la administración de vitamina D a pacientes enfermos de Covid-19 disminuye el riesgo de muerte en un sesenta por ciento.

La crítica entre la comunidad científica no se hizo esperar: se acusó a los médicos españoles de haber realizado un estudio apurado y sin rigor que confundía correlación con causalidad. Se trata de la suerte de críticas que este tipo de investigaciones suscitan ante el miedo a que esta información sea utilizada por el movimiento anti-vacunas como una razón más para desestimar las campañas de vacunación. No obstante, un enfoque más acertado sería reconocer la importancia de la vitamina D para complementar dichas campañas. Algo que puede ser clave en países como México, donde se vive una escasez de vacunas ante el acaparamiento de las principales potencias mundiales.

Y sin embargo, se mueve

La censura no se hizo esperar y dos semanas más tarde la publicación de los médicos españoles fue dada de baja ante la presión de la comunidad científica. Sin embargo, las investigaciones sobre el papel clave que juega la vitamina D en la prevención y tratamiento del Covid-19 sigue creciendo a pasos agigantados. Se trata de una serie de estudios llevados a cabo en países como Reino Unido, Francia, Bélgica, India e Israel en los que se llega a la misma conclusión: los niveles de vitamina D en una población determinada marcan la diferencia entre la vida y la muerte a la hora de enfrentarse al Covid-19.

La vitamina D no es una vitamina

El término “vitamina D” esconde dos grandes mentiras: no es una vitamina y no es solo una.

Se trata de un error histórico perpetuado hasta nuestros días al llamar vitamina a lo que debería ser catalogado como “el complejo hormonal D”: un grupo de secoesteroides solubles en grasa responsables de la correcta absorción intestinal de calcio, magnesio y fosfato. Además de que presentan funciones paracrinas y autocrinas que les permiten regular la proliferación y la diferenciación celular.

Vitamina vs hormona

La principal diferencia entre una vitamina y una hormona es que una vitamina no puede ser generada por nuestro cuerpo y una hormona sí. En el caso de la mal llamada vitamina D esta se crea por una compleja interacción entre la piel, el hígado y el riñón. Al exponernos al sol la radiación ultravioleta penetra en nuestra dermis, donde el colesterol se convierte en colecalciferol o Vitamina D3. Esta hormona es llevada más tarde al hígado donde es procesada para convertirse en calciferol o Vitamina D2.

Baños de sol

La forma más sencilla de obtener vitamina D es exponiéndose al sol. Sobre todo para quienes vivimos entre los paralelos 35º norte y 35º sur donde el acceso a la radiación ultravioleta permanece en una constante a lo largo del año. Para aprovechar al máximo los llamados “baños de sol” se recomienda pasar al menos 7 minutos bajo la luz solar durante el verano y de 35 a 45 minutos tres veces a la semana en invierno. El mejor momento del día es entre las once y las trece horas con especial énfasis en la luz del mediodía.  Es importante hacerlo con al menos el veinte por ciento de nuestra piel al descubierto y en caso de permanecer más tiempo bajo el sol usar protector solar para evitar quemaduras.

Vitamina D: suplemento y alimentos

Lamentablemente muchos pasamos la mayor parte del día dentro de casa o en la oficina y aún más desde que la pandemia nos ha obligado a permanecer recluidos. Por ello es importante garantizar nuestro acceso a la vitamina D a través de alimentos como el aceite de pescado, champiñones, huevos y carnes rojas. Y en caso de optar por una suplementación directa se recomienda tomar 10 mcg en bebés hasta los 12 meses; 15 mcg en niños, adolescentes, adultos hasta los sesenta años y mujeres embarazadas o en periodo de lactancia; y 20 mcg en adultos mayores.

El caso México

Si todo es tan sencillo como pasar tiempo bajo el sol: ¿por qué en un país como el nuestro donde la luz solar es constante a lo largo del año se tiene un índice tan alto de mortalidad por Covid-19? Aquí entran en juego información obtenida en estudios recientes que destacan tres factores que limitan la obtención de la vitamina D: el color de piel, la obesidad y el jarabe de maíz con alto contenido en fructosa.

La tormenta perfecta: morenos, obesos y chatarreros

Los estudios realizados en Estados Unidos destacan que la población afroamericana y latina no solo son los que más muertes acumulan a causa de la pandemia, sino que además tienden presentar bajos niveles de vitamina D. Esto se debe a que la piel oscura funciona como un protector solar natural gracias a que la melanina reduce los efectos dañinos de la radiación ultravioleta, aunque también disminuye la capacidad de la piel para producir vitamina D. Esto marca una clara desventaja para los mexicanos por ser predominantemente morenos. A esto se suman las otras dos condicionantes relacionadas con un déficit de vitamina D: en un país de obesos — primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en obesidad de adulto — destaca que presentar un alto índice de masa corporal inactiva la vitamina D y lo mismo sucede al consumir jarabe de maíz con alto contenido en fructosa. Este último está presente en una gran cantidad de alimentos chatarra y entre los que destacan los refrescos Pepsi y Coca-cola así como la salsa tipo catsup envasada.

Mide tus niveles de vitamina D

La forma más directa para conocer tus niveles de vitamina D es mediante un análisis de laboratorio. Este tiene un costo promedio de mil pesos y resulta sumamente importante entre la población de la tercera edad. Esto a causa de que estudios recientes señalan que a partir de los sesenta años la capacidad del cuerpo para generar vitamina D disminuye hasta en un cincuenta por ciento. En este contexto los niveles óptimos señalados por los especialistas son de entre 51-70 ng/ml y de entre 71-100 ng/ml en personas con problemas cardíacos o cáncer.

¿Por qué el silencio?

Deja mucho que pensar la falta de información que hay en los principales medios sobre la importancia de la vitamina D en el manejo de la pandemia. Por lo pronto destaca una vez más lo importante que es tener una buena alimentación y un estilo de vida saludable. Sobre todo teniendo en cuenta que el déficit en vitamina D está asociado con un mayor riesgo de cáncer de mama, esclerosis múltiple, enfermedades cardiovasculares, diabetes, depresión e infecciones respiratorias en general.