En 2015 dimos de alta en Facebook a El Organismo. Desde entonces el único cometido de nuestro fan page, más allá de convertirnos en un medio de comunicación más, era la de enfocar nuestros esfuerzos en la interacción con la ciudadanía preocupada por temas de corrupción, medio ambiente, cultura y política. Nuestra finalidad fue crear una comunidad. Creímos que la manera más eficiente era a través de videos informativos sobre problemáticas socioambientales como el agresivo desarrollo turístico inmobiliario costero y la megaminería.

Por un tiempo, las redes sociales digitales como Facebook o Twitter cambiaron la manera en que se proporcionaba información. Hubo movilizaciones que dependían de estos ciberespacios para terminar con la comunicación oficialista que aplastaba toda posibilidad de construir una democracia real, si es que esta existe en algún recónditos lugar del planeta tierra. Hoy esas “benditas redes sociales” se han vuelto una maquinaria de censura.

Uno pensaría que es el mentado algoritmo, pero no es así. Estamos hablando de personas de carne y hueso que por órdenes de algún grupo político (sospechamos del PAN, del PES pero también de una fracción morenista) y de un sector empresarial-religioso. Sea quien sea, se encargaron de revisar todas nuestras publicaciones de cinco años hasta encontrarse con siete que “rompían” las reglas comunitarias de un cybermundo gestionado por el corporativo de Zuckenberg.

Así, una de las primeras publicaciones hechas por nosotros hace años fue considerada que violaba las reglas de Facebook por mostrar desnudos o actividad sexual. Se trataba de una portada de la revista Alarma criminalizando a los jóvenes de aquella época, quienes asistieron al famoso festival de Avandaro. En Twitter nos pasó lo mismo. “Derechos de autor” por la música de un video en el que hacíamos una crítica social. La amenaza fue clara: “a la próxima daremos de baja tu cuenta”.

A unos meses de que la interacción de nuestras cuentas subió considerablemente, también lo hicieron las amenazas de gente aliada a la ultraderecha que, desde el anonimato, nos tachaban de drogadictos, nos amenazaban con mostrar nuestras caras (como si no nos conocieran) y querían lincharnos mediáticamente. Nos relacionaban con uno u otro grupo político. Criticaban nuestros contenidos porque les incomodaban. Justo hoy nos dimos cuenta que ninguno de nuestros administradores y editores pudo publicar algo, salvo un en vivo.

Si bien, nuestro fan page no ha sido clausurado en su totalidad,muchas de las funciones no pueden ser usadas por nuestro equipo. Somos una comunidad con más de 62 mil seguidores, sostenida por tres personas y en la que recientemente han colaborado los periodistas Ezequiel Lizalde y Alan Flores. Un sitio que no debería representar mayor problema para la maquinaria del sistema político-empresarial. Sin embargo, somos una molestia para algunos en esta red social que es, sin duda, la de mayor influencia en la entidad.

En Baja California Sur al parecer no hay libertad de expresión. El contrapeso parece no convenir al Gobierno de Baja California Sur ni algunos suspirantes a la gubernatura que trabajan en partidos políticos que dicen ser “diferentes”. Por eso, creamos un fan page alterno ( https://www.facebook.com/ElOrganismo2/ ) para seguir publicando el contenido de nuestra página elorgnismo.com, inaugurada hace apenas un año.

Escribimos esto para denunciar que nos están atacando por nuestro trabajo y eso que todavía no sacamos la información realmente sensible que tenemos en nuestro poder.

A nuestros detractores les decimos: hoy seguimos.

#NoVanACallarAElOrganismo

1 comentario

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  • Lo cierto es que información confiable falta por todos lados. Ya sabemos porque esto ocurre. Como siempre, también es útil recordar, las cosas tienen dos caras; la oculta y la visible. Dentro de esta última, para mi, se encuentra el innegable avance democrático propiciado por la tenacidad en el trabajo de una larga cadena de periodistas nacionales ( y locales) muertos y vivos aún. No cejen; algunos lo reconoceremos aunque esto no esté en sus afanes.