Aracely Jiménez

Aquí les comparto, la historia de nuestras librerías, que también es la de mi vida y los libros.

Borges nos ha enseñado que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres, pero también sabemos que abrir una librería en estos tiempos de crisis puede parecer una locura, aunque no lo es tanto. Todos sabemos que el negocio de los libros usados es un negocio fabuloso, también que el noventa por ciento de los que intentan este negocio fracasan porque los libros no son otra simple mercancía que pueda valorarse o venderse igual que una corbata, un par de zapatos o una tonelada de jitomates. No, el negocio de los libros es una pasión subterránea que comparten millones en el mundo, pero que sólo unos cuantos saben ejercer como profesionales, es decir, como escritores, editores o libreros.

Aracely Jiménez fundó en 1995 junto con su hermano, el escritor y poeta Agustín Jiménez, la reconocida Librería La Torre de Lulio en la colonia Condesa, de la Ciudad de México, Esto hace casi 25 años. La misma se especializa en libros antiguos, primeras ediciones, libros raros y agotados, poesía, historia, literatura. Por sus pasillos han estado destacados escritores y personajes de la vida cultural de México.

En el año 2001 fundan su primera sucursal en la ciudad de Oaxaca, Oaxaca. En el tradicional barrio de Jalatlaco.

En septiembre de 2015 por razones familiares cambia su lugar de residencia a la Ciudad de Guerrero Negro B.C.S. Hermosa comunidad localizada en el desierto central de la Península de Baja California, lugar privilegiado con bellos paisajes e inolvidables atardeceres.

En 2016, decide organizar “La Primera Feria del Libro de Guerrero Negro, BCS”. Labor que requirió de un gran esfuerzo para hacer una selección de títulos y traerlos desde la Ciudad de México, la exposición fue muy exitosa, al concluir la feria los visitantes le preguntaban con cierta curiosidad, donde podrían encontrarla para obtener algunos otros títulos, al ver la buena respuesta abre una librería formal dedicada exclusivamente a la venta de libros, fuera del esquema al que se acostumbraba, en farmacias o papelerías, siendo ésta la primera librería del municipio de Mulegé, al norte del estado de B.C.S. A la cual nombró como Librería La Nave de Lulio, identificándose con la frase: “Zarpando a un mar de aventuras”.

En septiembre de 2019, abre la segunda librería de La Nave de Lulio  en la ciudad de Ensenada, Baja California.

La Nave de Lulio más que una super-librería o un supermercado de libros, intenta ser una librería al viejo estilo, algo así como Shakespeare and Co., o City Light Books o la Librería Renacimiento, donde un librero que sabe y que ama los libros intenta servir a una comunidad inmersa en la pasión literaria y en todo lo que ello conlleva. Para ello, es necesario traer libros de uso o nuevos desde España o Argentina, desde Guadalajara o Chiapas, desde la Lagunilla o Tepito, desde la UNAM o desde la propia Condesa, no importa de dónde, lo importante, valga la aliteración, es que el libro sea interesante e importante para el hipotético lector o para el lector especializado.

Crear y mantener una librería de estas características es difícil y los amantes de los libros lo saben. Así, en nuestras librerías es posible ver a escritores o traductores, a periodistas o a politólogos, a estudiantes o a doctos atolondrados que buscan una edición inencontrable de Céline o de Gombrowicz, de Balzac o de Baudelaire, de Novo o de Villaurrutia, de Luis Carlos López o de César Moro.

No siempre se consigue lo que se busca, pero uno reconoce lo que desea, y si la felicidad no existe uno la inventa. Así, en los anaqueles de nuestras librerías podemos encontrar libros de Gómez de la Serna o de Raimundo Lulio, de Mario Praz o de Claudio Magris, de Gabriel Zaid o de Giovanni Quessep, de Alvaro Cunqueiro o de Renato Leduc, de Antonio Porchia o de Ramón López Velarde, de Josep Plá o de Gabriel Ferrater.

Tener un fondo de esta jerarquía a buen precio, sobre todo en estos momentos de crisis en nuestro país, no es nada fácil. Esto sólo es posible con la complicidad de lectores y editores que hacen que los libros circulen y que puedan llegar al encuentro feliz con el lector.

La Nave de Lulio, creada en homenaje al filósofo catalán Ramón Llull, sólo intenta proponer lo que Emerson o Montaigne sabían, es decir, el hecho de que sólo debemos leer lo que nos agrade, que un libro tiene que ser una forma de felicidad, y que, como Borges nos ha enseñado, más importante que leer es releer, salvo que para releer se necesita haber leído. Más que un culto a los libros, lo que La Nave de Lulio propone es una forma de felicidad.

Aquí.

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