@AlekzAguila

El aislamiento social instaurado por los gobiernos municipal y estatal con formas cuestionables-, provocó que la temporada turística en el corredor La Ventana – El Sargento terminara un par de semanas antes de lo previsto. Sin embargo, la ocupación en todas sus modalidades, estuvo abarrotada.

A La Ventana se le puede caer en todos los modos turísticos que se le pueda buscar. La opción más económica será, siempre, la de acampar en varias de sus playas públicas de fácil acceso. También, un motorhome puede pagar por acceder a ciertos servicios y formar parte de una comunidad en su gran mayoría extranjera. ¿Y qué decir sobre los exóticos glampings a la orilla de la playa o arriba en la sierra aledaña o bien, pagar 178 salarios mínimos por un fin de semana de vivir la experiencia de un yoga retreat? Y próximamente, gozar habitaciones con vista a la playa en un nuevo desarrollo que en su publicidad promete será de súper lujo.

Además, la proliferación de alojamiento por plataformas digitales, como lo es Airbnb, es tan extensa que cada vez son más los departamentos o casas de todos tamaños y estilos que son construidas pensando en el turismo, dejando un pueblo casi fantasma durante los áridos, secos, calurosos y hasta violentos veranos; propiciando que el desarrollo urbano se haga de acuerdo a los entendidos de cada persona y sin regulación de ninguna autoridad.

Pero no todo era así por acá hace ni siquiera 10 años. Pero en cuanto la voracidad inmobiliaria descubrió tierra fértil en una de las mejores playas para hacer kitesurfing en México y el mundo, la bomba del antidesarrollo explotó y sus ondas siguen golpeando. Fue así como un pequeño pueblo a unos 40km de La Paz, se comenzó a llenar de “cabezasgüeras” que traían varios dólares a gastar a un lugar donde se podía vivir con pocos pesos y, que también venían a darle al kite entre octubre y abril. De una boca pasó a otra, llegaron los negocios de temporada, los hoteles, cafés, etc. Y claro que con todo eso y, a costa de explotar los componentes naturales sin escrúpulo alguno, llegaron muchas oportunidades de trabajo que locales pudieron aprovechar y se gestó una dinámica en la cual se sabe que los extranjeros son lxs dueñxs del pueblo y, donde cada metro cuadrado, tiene un precio.

Los primeros signos de alerta de este nuevo acierto del capitalismo neoliberal en BCS, se dieron hace unos dos años. Anteriormente, había una especie de pacto social en donde las personas del pueblo conservaban acceso a un precio fijo anual para comprar sus productos de abasto diario, mientras que visitantes recibirían uno mayor por su categoría de extranjerxs. Sin embargo, personas que habitan el pueblo desde hace generaciones, empiezan a perder capacidad de compra de víveres y alimentos, pues dicen, los comerciantes han optado por dejar los precios ‘parejos’ al saber que hay quienes ya se quedan a pasar el verano.

Sin embargo, las carteras de habitantes originales -porque el mote de local ya se lo da cualquiera-, cada vez alcanza para menos. Y es que habitantes de La Ventana expresaron para El Organismo que esta temporada, si bien estuvo llena de personas debido al turismo, fue la peor para quienes se dedican a los trabajos de la construcción, plomería, electricidad, pintura, carpintería, etc.; ya que ahora las inmobiliarias y contratistas están optando por traer flotillas de trabajadores provenientes de otros estados para solo participar en obras específicas, y después llevarlos de vuelta a sus casas. Pero para lograr este modelo, es necesario rentar casas en donde alojar a estas personas, y en un pueblo pesquero tan pequeño, las ofertas de rentas para el crecimiento demográfico de los habitantes originales de esta playa, son prácticamente nulas por los inalcanzables precios con los que ahora cuenta el mercado.

Así pues, nos enfrentamos con una localidad en donde no hay trabajo para quienes viven aquí -y escribo aquí, porque esta columna se escribió a la orilla de la playa después de platicar con palomilla originaria… sí, con sana distancia-, donde las generaciones jóvenes están creciendo y las nuevas familias emergentes no tienen mayor opción que compartir la casa familiar donde alguien de la pareja actualmente viva ó, tener que abandonar el pueblo en búsqueda de oportunidades laborales generalmente precarias.

Sin embargo, esa realidad es la que no ven desde las rimbombantes, lujosas y siempre heladas oficinas que están en El Coromuel; ahí se sigue diciendo que Baja California Sur es el ejemplo a seguir para la explotación turística en México gracias al falso desarrollo. No importan los impactos negativos al medio ambiente, la laxitud en el cumplimiento de la ley, la falta de planes de ordenamiento territorial, los escándalos de corrupción y, ni siquiera los déficits de agua declarados por la CONAGUA o lo que se pierda de manglar; para quienes dictan la política estatal y municipal, lo único que importa son los metros cuadrados de campo de golf, las nuevas habitaciones por año, el número de visitas de artistas internacionales, los contratos y permisos irregulares y, las fotos de Balandra en portales de internet. Básicamente, aplicando el modelo sanluquización con alta precisión.

 Pregunté a varios  residentes: ¿Qué es hoy La Ventana, comparada a cuando eras niñx? Ellos respondieron:

“Jajaja, uy, no. Ya ni siquiera es La Ventana, pero ya es famoso el pueblo”;“Pos una llena de güeros y turistas”; “Ya no es lo mismo, hasta en la agua se nota, ya es más salada”;

“Le han hecho tanto mal a esta playa, que hasta lograron que les tuviéramos coraje los que vienen de fuera, pero de lo que salpica de ellos vivimos”.

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