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Como el ave que imita múltiples cantos, en María habitan muchas voces. Cada una con su identidad, y al mismo tiempo, todas formando una sola: la suya. A sus 35 años, cantante, compositora y multiinstrumentista, ha construido una trayectoria sólida entre Los Cabos y La Paz, transitando tanto por escenarios públicos como por espacios más íntimos.

Como suele ocurrir en el oficio musical, la masividad no ha sido su principal horizonte. Su trabajo ha encontrado un lugar distinto: como sustento, sí, pero también como una práctica constante, una forma de habitar el mundo.

Recientemente lanzó su sencillo Flores, como parte del proyecto Root Sessions, retomando una serie de composiciones iniciadas en 2016 que ahora resignifica a través de nuevos arreglos. Este lanzamiento marca el inicio de una nueva etapa en su proceso creativo.

En su obra, María explora la experiencia humana desde una mirada profundamente sensible. Sus canciones atraviesan temas como la identidad, las emociones, los vínculos y la vivencia de lo cotidiano, construyendo una poética sonora que dialoga tanto con lo que observa en su entorno como con lo que se mueve en su interior.

Entonces surge una pregunta inevitable: ¿dónde están las artistas, las creadoras, las mujeres músicas de Baja California Sur?

Están en todas partes.

Aquí, por ejemplo, en esta choyera de múltiples voces que nos recuerda que la masificación de la industria cultural —los millones de reproducciones, los escenarios legitimados— no necesariamente son sinónimo de profundidad, sensibilidad o talento.