Alekz Aguila

Este lunes la Secretaría de Marina formalizó la donación de unos siete mil metros cuadrados para que el XVI Ayuntamiento de La Paz construya ahí el tan ansiado parque por el cual vecinas y vecinos de las colonias El Manglito e Inalámbrica han estado luchando por unos trece años.

Sin embargo, es de suma importancia apuntar que este hecho no se trata de una medalla más que se intente colgar cualquier autoridad municipal, sino el desenlace de una insistente comunidad por tomar decisiones dentro del territorio que habita; del empeño que un grupo de mujeres dedicó para ser agentes de transformación para mejorar el lugar que habitan sus abuelas, tías, hermanas e hijas.

En el Manglito hemos sido testigxs  de lo importante del platicar, conocernos, reencontrarnos; que sepamos cuáles son los problemas que compartimos en la cuadra y en un conjunto de éstas. Presenciamos lo que gestó un grupo vecinal en reuniones de banqueta, bajo la sombra de un almendro o sentadas sobre una panga volteada boca abajo que reposa extrañando los surcos marinos. A todas esas mujeres, sin importar su oficio o el de sus antecesorxs, se les puede relacionar con el mar; con la fuerza del impulso que traen las olas de luna llena o con la sabiduría de una playa tendida en bajamar.

Con ese impulso decidieron que el gobierno no sobrepasaría sus derechos y se pusieron a trabajar de manera estratégica y en conjunto. Interminables juntas de café, platicando cómo y cuándo hacer la siguiente actividad para presionar a una autoridad sorda, librando obstáculos tan grandes como los que ha traído la pandemia: familiares que se fueron, abuelxs enfermxs en situación de precariedad que no fueron asistidxs por un estado fallido, pérdida de empleos -letal para una comunidad que vive al día-, indiferencia ante la problemática local bajo el pretexto de la COVID 19. Así que montaron una estrategia para caminar todo su territorio tocando cada puerta y así asegurarse de que ningúnx vecinx se quedara sin saber de esta lucha definitiva por el parque que tanto se anhela para lxs niñxs.

Este parque estará montado no sobre una plancha donada por tal o cual ente de gobierno, sino que se edificará sobre el sudor y el esfuerzo de Marisol, Andrea, las Marthas, Juana, Sofía y muchas más mujeres que decidieron dedicar tiempo de sus tardes -aun con el peor de los veranos paceños- a prepararse, conocer mejor cómo funciona un ayuntamiento, y entonces poder incidir por la conveniencia de su barrio.

Será hasta cuando veamos a Romina, Renata, Luis, Madaí, Geovany a Kevin o cualquier otrx de nuestrxs niñxs disfrutar de este nuevo espacio cuando cantemos victoria; ya que sistemáticamente, a la gente de este barrio, las autoridades se han empeñado en demostrarles que las palabras, se las lleva el viento.

Es necesario que este triunfo encienda la mecha de la capacidad revolucionaria que tienen los barrios para cambiar sus propios entornos. De dejar de pensar que alguien desde una presidencia nos va a cambiar la realidad, de enfocarnos en la perspectiva de lo glocal. Busquemos que niñas y niños tengan las oportunidades de divertirse, oferta de sobra de espacios para soñar y, sobre todo, los ejemplos para demostrarles que soñando en comunidad, se logran muchas cosas: como los parques.

Alekz Aguila

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