Vicdrian Trujillo Muñoz

“Cuando el servicio es gratis, el producto eres tú”, reza un refrán que cobra vigencia con la actual coyuntura de las plataformas digitales. Sabido es que toda plataforma digital utiliza la información que recoge de la interacción de sus usuarios con fines mercantiles, y todas las herramientas que implementan para estimular esa interacción están concebidas para actuar en esa dirección.

Vemos como algo tan normal ese fenómeno de intromisión en nuestras vidas privadas que lo autorizamos voluntariamente y tampoco nos mueve a la sospecha, el que corporaciones e individuos propietarios de esas plataformas que dejamos hurgar en nuestras vidas, figuren entre las grandes fortunas mundiales; posicionamiento que por necesidad anula la imparcialidad de los mismos.  

En resumen: nos parece algo de lo más normal el que la interacción global entre individuos esté controlada por plataformas digitales privadas que ponen sus reglas y las imponen internamente de forma poco transparente y por arriba de las leyes y garantías consagradas en las legislaciones locales, convirtiéndolas en un poder meta-legal.

Cuantas veces, mientras navegamos en facebook, nos encontramos el aviso: “esta publicación no está disponible”; así, sin más. ¿Se ha preguntado usted por qué algo que alguien publicó hace 24 o 48 horas ya no está disponible?, ¿quién decidió eso?

Le aseguro que rara vez ha sido la persona que publicó la que decidió que su publicación ya no estuviera disponible; fue la plataforma bajo preceptos que no se tomará jamás la molestia de especificar; igualmente las suspensiones, donde solo dan el aviso “infringió normas de comunicación”, pero nunca especifican cuáles. Y nos parece tan normal que eso ocurra hoy cuando antes no ocurría. Claro, antes las plataformas establecían esencialmente redes de contactos personales, pero eso evolucionó generado a su vez redes de activismo social, foros de discusión pública y debate político y, con ello, la censura llegó.

El año 2020 fue un año difícil en términos de libertad de expresión en plataformas digitales. Personalmente, estuve suspendido en facebook más de la tercera parte del año por motivos diversos y en su gran mayoría injustificados. Este año, empezando febrero, fui suspendido nuevamente, esta vez por 60 días y creo que sería pertinente, en este punto, analizar el post censurado por la plataforma digital facebook.

En un contexto social de intensos ataques contra la vacuna rusa Sputnik V, por razones meramente políticas y no sanitarias, publiqué el día 2 de febrero el siguiente texto:

“¿Desconfía de la vacuna rusa? Solo le recuerdo que Hitler perdió en Stalingrado, no en Normandía.

¿Qué nos dice el texto? Sé que el salto mental no es evidente; pero el mensaje entre líneas, grosso modo, es: “si la URSS, hoy Rusia, derrotó a Hitler, claro que puede derrotar un virus”. ¿En qué parte del texto ve la plataforma un incumplimiento a sus normas de comunicación?, ¿es falso el contenido del texto?, ¿difunde mensajes de odio?, ¿hace apología de la violencia?, ¿se denigra a alguien en el texto?, ¿se cuestiona la honorabilidad del Führer al equipararlo alegóricamente con la letalidad del virus?

Vale la pena apuntar que a nivel global ya se cuentan 2.3 millones de víctimas del COVID19, mientras que la guerra desatada por el Führer costó, según numerosos estudios, la vida de entre 50 y 60 millones de personas, de las cuales 20 millones eran rusas.

Podría retar a la plataforma a que señalara qué normas de comunicación infringe el escueto texto censurado, porque de no infringir ninguna ¿bajo qué criterios fue censurado y mereció un castigo de sesenta días de suspensión? Es importante esa explicación porque lo que eso retrata va más allá de sus propias condiciones y el mensaje que envía es preocupante: no importa lo que digas, lo tienes que decir de forma que no me “desagrade” o “incomode”; y si eso no es autoritarismo llano y cínico, ¿qué es?

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