Locatarios del centro de ciudad de La Paz están molestos por el maltrato de inspectores municipales.  Una prueba de ello es la reciente publicación en redes sociales de una queja que rápidamente se viralizó.

Mafi López no aguantó la hostilidad de los inspectores del XVI Ayuntamiento de La Paz, conducido por Rubén Muñoz Álvarez y de la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COEPRIS). Narró cómo ella y su hermano comenzaron el Magdalena Bar & Lounge en 2018. La pandemia vino a complicarles el negocio, el cual, parecía irle bien por el flujo de personas que tenían en el local ante de la crisis sanitaria.

Al igual que otros micros y pequeños comerciantes tuvieron que aprobar una serie de nuevas medidas sanitarias, aunadas al pago de nuevas licencias. Las visitas de las autoridades municipales fueron y siguen siendo recurrentes durante la pandemia. Con el paso del tiempo los inspectores comenzaron actuar más grosera con estos empresarios.

También hemos recibido muchas inspecciones en las que el comportamiento de los responsables se ha tornado hostil. Ha habido contradicciones entre lo que dice una autoridad y otra. Hemos sido objeto de conductas prepotentes y arbitrarias por parte de las autoridades, quienes nos han dejado claro e incluso han tenido el cinismo de decir que la intención es suspender nuestras labores.

Escribió la empresaria.

Ante el creciente acoso de los inspectores, Magdalena Bar & Lounge lanzó un llamado para mejorar esta situación; “No estamos pidiéndole NADA al gobierno, solo queremos que dejen de sabotearnos, de hostigarnos”.

La intención de mostrar resultados por parte de las autoridades se traduce en “hoy voy a encontrar un motivo para cerrarte” o “si – institución X – no te pone la multa, te la pongo yo”. Hemos sido hostigados en todo momento, por tener la disposición de seguir luchando porque ese negocio en el que hemos puesto nuestra vida entera no se vaya para abajo, que valga la pena cada sacrificio, cada insomnio, cada crisis de ansiedad.

Escribió la empresaria.

Los inspectores verifican la distancia entre los clientes, la distancia y aforo de las mesas (dependiendo los metros cuadrados del establecimiento), el uso del gel antibacterial y el cubrebocas, el tapete sanitizado, rutas de evacuación, salidas de emergencia e inspecciones de las instalaciones eléctricas e hidráulicas. Lo hacen una y otra vez hasta encontrar un motivo para multar, dinero que va directo a las arcas municipales.

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