Gilberto Piñeda

Antes de iniciar la crónica de esta historia reciente de vida quiero agradecer a la Técnica y a la  Ciencias Médicas a las que he tenido acceso a lo largo de estos tres años. Debo reconocer que esto ha sido posible gracias a una lucha sindical de muchos compañeros y compañeras universitarios que lograron incorporar al Contrato Colectivo de Trabajo el pago de todos los gastos médicos para  todos los trabajadores universitarios como una materialización del  derecho a la salud y que afortunadamente al paso de los años  han logrado defender y conservar, a veces utilizando en algún momento un recurso sindical extremo como ha sido el movimiento de Huelga.

Agradecer profundamente al cuerpo médico que me ha atendido en estos tres  años de tratamiento del cáncer de próstata, a mi Urólogo Dr. José Manuel Viveros Elías quien atendió mi tratamiento hormonal a partir de junio de 2018 y que concluyó el 21 de septiembre de 2020, ahora sigo vigilante  para que no regrese el cáncer, cuidando lo más que puedo mi alimentación y mis ejercicio diarios; y seguir con los análisis de laboratorio que me hare en las próximas semanas, una vez que baje un poco el semaforo;  a mi oncólogo Dr. Juan Paulo Ceja García quien semestralmente revisó los resultados y que protocolizó  el tratamiento de 38 sesiones de Radioterapia que se me aplicaron por el personal técnico y médico de la Clínica de Radioterapia de Occidente, SA. De C.V. del 7 de octubre  al 3 de diciembre de 2018; a mi homeópata que  siempre estuvo al pendiente de mi estado emocional, Dr. Saúl Benítez; y al Doctor Jorge A. Beltrán M., urólogo, quién con su equipo médico y enfermeras atendió exitosamente una cirugía reciente de emergencia el 5 de enero de 2020 por una estenosis a causa probablemente de los efectos secundarios de la Radioterapia, como suele pasar en algunos pacientes de cáncer que han sido sometidos a la radiación, como ha sido mi caso. Por separado, un profundísimo agradecimiento a mi familia de sangre, pensamiento y corazón,   a mis amigas (os) y compañeras(os) que estuvieron y están al pendiente de mi salud, y de manera muy especial a varias(os) conocidos que desde la fe cristiana y católica hicieron oración, de manera especial a Antonieta Barrera Sánchez que hizo extensiva sus oraciones a los fieles católicos la parroquia de San Martín de Porres y a Joel Alfaro Valle un entrañable amigo de la infancia; y los sup2esto a Los Piñeda y a Los Isais, que estuvieron al pendiente.   No puedo dejar de mencionar al Dr. Jaime Ovalle Serafín y a la compañera Delia Navarro que estuvieron  atentos a mi estado de salud y han dado seguimiento institucional a mi tratamiento.

Algo más debo agradecer al Dr. José Manuel Viveros Elías y es la invitación que me ihizo desde que tuve la consulta con él a mediados de 2018, para incorporarme, como lo hice, al GRUPO DE AYUDA Y RECUPERACIÓN DEL CANCER DE PROSTATA “ERNESTO AGRAMONT MENDOZA”, A.C. que ha sido un pilar muy, muy importante en mi recuperación emocional.

Todos ellos me han ayudado a superar las pruebas que me puesto la vida, que dicho sea de paso, han sido de las más difíciles  que he enfrentado. Y vaya que he enfrentado muchas pruebas, pero han sido principalmente en el terreno social, sindical, laboral, político y académico; nunca experimenté un cosa tan fuerte como esto, solo comparable de la muerte de Raúl en 1986 y de Chayito en 1992, mis padres.

Cada 4 de febrero se festeja a los Gilberto y coincidentemente desde hace 20 años este mismo día se conmemora el Día Mundial del Cáncer a iniciativa de la Unión para el Control Internacional del Cáncer (UICC), “la organización internacional contra el cáncer más grande y antigua” que tiene como propósito “el desarrollo de capacidades y las iniciativas de defensa que unen a la comunidad del cáncer para reducir la carga mundial del cáncer, promover mayor equidad e integrar el control del cáncer en la agenda mundial de salud y desarrollo”; obviamente respaldada por grandes compañías capitalistas farmacéuticas y biofarmacéuticas, de laboratorios, clínicas y hospitales globales, fundaciones y hasta compañías aeronáuticas, de diseño, administradoras, productoras de películas y videos (Astellas, Daiichi-Sankyo, Diaceutis, PH Conective, MSD Inventing for Life, Qatar Airways, Biocon Biologics, Bristol-Myeres Squibb, Cubebio,Maitland/AM, Mother Bird, The Designer Foundry, Brosky! Media, Wochit, Wed Izzy,  Inspire-Motive-Educate); no podía ser de otra manera, pues la ciencia y la técnica se encuentra dominada en el mundo de las mercancías  por las grandes compañías capitalistas.

El día mundial del cáncer está siendo promovida, además de la UICC, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC)  con el lema “YO SOY Y VOY A….” que tiene el objetivo de  “aumentar la concienciación y movilizar a la sociedad para avanzar en la prevención y control de esta enfermedad”, pues esto no es cosa menor, ya que en el mundo se presentan más de 14 millones de  casos nuevos de cáncer al año que se suman a los anteriores y mueren alrededor de 9.6 millones de personas por esta causa cada año, según datos oficialmente conocidos;  aunque no hay que perder de vista que en el mundo no todas las personas con cualquier tipo de cáncer pueden ser atendidas con la ciencia, la técnica y la tecnología modernas, porque los mejores fármacos, los mejores médicos y los mejores equipos, son producidos en el mercado capitalista global que no son asequibles para amplias capas de la población mundial, sobre todo aquella parte que vive en pobreza y extrema pobreza que son millones en el mundo.

Como se sabe, los cánceres más comunes en México son en hombres: Próstata, Colorrectal, Testicular, Pulmonar, Gástrico; en mujeres: Mamario, Tiroides, Cervicouterino, Cuerpo uterino y Colorrectal, sin embargo, aquí me referiré por obvias razones, al cáncer de próstata.

En uno de los números de la revista de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica se señala que    el cáncer de próstata “avanza silenciosamente, se manifiesta y diagnostica cuando su estadio es tan avanzado que pocas alternativas terapéuticas tienen los médicos que atienden a los pacientes aquejados con ese mal” ahí explica que “el cáncer de próstata es un padecimiento que se origina como consecuencia del desarrollo de células cancerosas en la glándula prostática, lo que generalmente ocurre después de los cincuenta años de edad, y aunque su detección podría y debería ser oportuna, lo que incrementaría sustancialmente la tasa de supervivencia a la enfermedad, la falta de una cultura en medicina preventiva, los mitos y prejuicios <<machistas>> asociados al procedimiento de diagnóstico más certero, el tacto rectal, le permiten desarrollarse hasta alcanzar altas cotas de mortalidad” y las cifras oficiales que se ofrece son alarmantes: “casi 7 mil mexicanos mueren anualmente por ese padecimiento, reportándose entre 21 mil y 25 mil nuevos casos anualmente” mientras que “el 70% de los casos que se diagnostican están ya en una etapa avanzada, lo que conduce a unas cifras de mortalidad muy elevadas”, en consecuencia, ubica al cáncer  de próstata “como un grave problema de salud pública”. Por otra parte, en la revista  se informa acerca de lo que las instituciones de salud pública insisten una y otra vez, en el sentido de que  “el sistema de diagnóstico más preciso para determinar la existencia de un posible cáncer de próstata se realiza a través de un procedimiento denominado <<tacto rectal>>, en el que el médico especialista busca determinar físicamente la presencia de algún bulto o cualquier situación anormal en la próstata. Otro de los procedimientos regularmente utilizados para el diagnóstico de este cáncer es la realización de un análisis de sangre para determinar la presencia de antígeno prostático específico. Si los resultados son anormales, el médico podría decidir la realización de una ecografía, una resonancia magnética o una biopsia”.

Independientemente de quien la promueve, hago eco de la campaña Mundial del Cáncer: YO SOY… un paciente de cáncer de próstata en proceso de recuperación  y  enseguida  VOY A… escribir una crónica con mi testimonio que sirva para hacer conciencia entre los jóvenes-adultos mayores de 40 y 50 años que la lean,  se convenzan de hacerse la revisión del estado que guarde su próstata. Algo que yo no hice y que recomiendo ampliamente que lo hagan.

Les cuento como fue que me percaté de que tenía cáncer de próstata:

Tengo conocimiento ahora que al menos tres familiares cercanos padecieron de cáncer, dos de ellos de próstata; lo cual es un factor probable que debe tomarse en cuenta, pero no lo atendí.  Tampoco atendí los problemas que se presentan al orinar en los adultos mayores, tardía o tempranamente, porque al ser imperceptibles no los consideré que era un “foco rojo” que se había prendido hace algunos años. Hoy ya tengo 70 años, los cumplí el 3 de diciembre, y fue cuando tenía 68 años cuando me hice el estudio de laboratorio del Antígeno Prostático, no porque era consciente de ello, sino  por una circunstancia emocional colectiva muy dolorosa que padecimos varios de nosotros y nosotras después de un trágico accidente que hubo llegando al poblado de Vizcaíno el 14 de febrero de 2018 donde iban  varias(os) compañeras(os), una de ellas, muy querida de nosotras(os) falleció en el accidente: Eloisa Vega Castro (q.e.pd.), a quien recuerdo con mucho cariño, por su entusiasmo, por su rebeldía interior, por su amor a los demás, por su afán en la medicina tradicional,  por su permanente energía positiva, y por su manifiesta solidaridad y ayuda mutua.  

Por lo que voy a contar, no sé cómo pero creo que la compañera Eloísa debió haber sido quien me avisó a las dos semanas después de que falleció en el accidente que debía atenderme, que no había tiempo que perder, que era urgente, porque después podía ser demasiado tarde, como les contaré más adelante.

El día del trágico accidente, recibí una llamada de mi hijo Tito Fernando desde el valle del Vizcaíno para darme la noticia que nuestra compañera Eloisa había fallecido, estaban todavía en el lugar del accidente, no nos pudimos contener y habíamos recibido la noticia como un balde de agua fría, que nos aplastó, ya en la madrugada del 15 de febrero viajaron en helicóptero  de la Fuerza Aérea nuestras(os) compañeras(os) Marichuy, Carlos, Oscar, Antonio, Ramona, Lorena, Tana y Francisco para ser atendidos en el Hospital Salvatierra; mientras que en Guerrero Negro se quedaron el resto de los compañeros de la caravana acompañando a nuestra compañera Eloísa; y junto con ella después de dos días   tuvieron que viajar por carretera hasta La Paz, porque no se pudo conseguir transportación aérea donde se pudieran venir a La Paz todos juntos con ella.  Su familia, su compañero Miguel y quienes  nos habíamos quedado en La Paz les recibimos en la Funeraria con una tristeza que no se puede describir. Con esa tristeza encima y un sentimiento de culpa cargando estuvimos con ella acompañándola hasta el final. Días después nos reunimos con toda su familia. Una familia extraordinaria que en medio del dolor, hablaron con el corazón en la mano.     

Iba a finalizar febrero de 2018 cuando poco a poco fueron saliendo del hospital las compañeras y los compañeros accidentados. El compañero Francisco que era el que se encontraba más grave, fue el último en salir. Pase al hospital, pero estaba justo saliendo la ambulancia rumbo a Guerrero Negro, acompañada de su hermana. Es misma tarde  me fui a dar clases a la Universidad y en el camino me dio un fuerte dolor en el pecho, así impartí  las dos clases que tuve la tarde-noche de ese día pero el dolor no se me quitaba.  En la mañana temprano le hable a mi médico homeópata y me dijo que me hiciera un electrocardiograma para descartar cualquier otra cosa.

Por la mañana acudí a la Unidad Médica de la Universidad y consulte de inmediato al médico  que en ese momento estaba disponible quien ordenó de inmediato el electrocardiograma y sin ningún resultado adverso, lo que me comentó el doctor fue que se trataba de un stress postraumático a causa de lo que había vivido en los días anteriores, y me indico que aprovechando la consulta, me hiciera estudios generales de laboratorio que me indicó en la orden que me dió y le llevara los resultados en otra consulta. Cuento un detalle que no olvidaré nunca: estaba por retirarme de la consulta, y el doctor me dice, “espere profesor… me falto agregar algo importante, por la edad”.. y con su puño y letra agregó: Antígeno Prostático

Me hice todos los análisis clínicos y el 2 de marzo de 2018, justo el día que cumplía años mi hijo Tito Fernando,  me dieron los resultados. Todo estaba muy bien, a excepción del Antígeno Prostático que se había elevado hasta 28.2 ng/mL   cuando el rango normal es entre 0.00-4.00 ng/mL., fue que el médico que me atendió en la Unidad Médica de la Universidad me indicó que era urgente la consulta con un Urólogo. Aquí empezó una de las pruebas más difíciles que me ha puesto la vida en el camino, pasé un mes con tratamiento provisional y me ordenaron de nuevo el Antígeno Prostático Específico, y en esta ocasión fue de 39.0 ng/mL, lo que llevó de inmediato a la Biopsia, y como era de esperarse, la unidad de patología me entregó los resultados y los lleve a mis médicos: el 2 de mayo de 2018 había sido diagnósticado con cáncer de próstata, de los 12 cuadrantes que me tomaron como muestra en 9 había células cancerígenas, se trataba de un Gleason 3+4=7, el límite; motivo por el cual, fue necesario hacerme un gammagrama para descartar que hubiera metástasis, afortunadamente el resultado fue negativo y de inmediato, el 18 de junio de 2018 inicie un tratamiento hormonal  que duró dos años tres mese con revisiones periódicas aplicando cada tres meses un Implante S.C. y una tableta cada 24 horas de Bicatulamida y un tratamiento radioterapéutico en una clínica de Guadalajara en 38 sesiones que duró del 7 de octubre al 3 de diciembre de 2018 (un día después del cumpleaños de mi nieto Tito Livio justo el día que cumplía 69 años, así que tuvimos pastel para los dos con toda la familia: Los Piñeda Bañuelos, Los Piñeda Castro y Los Murillo Piñeda, todos amontonados en el departamento que rentamos durante mi tratamiento.

El tratamiento contra el cáncer (hormonal y radioterapéutico) ha sido un acierto científico-técnico y médico, así lo creo, pues en 18 meses de tratamiento, cada trimestre el comportamiento del Antígeno Prostático Específicos  fue bajando  de 1.05, a 0.141, a 0.090, a 0.074, a 0.040 y a 0.002 ng/mL en diciembre de 2019, para este momento cumplía los 70 años. Sin embargo, aquí empezó una nueva prueba que me puso la vida por los efectos colaterales o secundarios que en algunos pacientes que se tratan con radioterapia, aun cuando se haya utilizado equipo médico de las últimas generaciones, como es el Acelerador Lineal. En mi tratamiento aplicado en 2018 se utilizó uno de la línea VARIAN  modelo 2100 C que las compañías capitalistas que los producen destaca las bondades señalando que “la radioterapia de intensidad modulada (IMRT, por sus siglas en inglés) es una modalidad avanzada de radioterapia de alta precisión que usa aceleradores lineales de rayos x controlados por computadora para administrar dosis de radiación precisas a un tumor maligno o áreas específicas dentro del tumor. La IMRT permite que la dosis de radiación se conforme con mayor precisión a la forma tridimensional (3-D) del tumor mediante la modulación (o el control) de la intensidad del haz de radiación en varios volúmenes pequeños. La IMRT también hace posible enfocar dosis más altas en regiones dentro del tumor, al tiempo que se minimiza la exposición a la radiación en las estructuras fundamentales circundantes normales”.

El asunto fue que en diciembre de 2019 y los primeros días de enero de 2020 emergió uno de los efectos secundarios de la radiación que me aplicaron hace dos años que me pegó un susto muy grande pues me apareció una estenosis, que es  “una estrechez en alguno de los puntos de la uretra que dificulta el paso de la orina, pudiendo llegar a la obstrucción completa y formar una retención aguda de orina”, se  imaginarán la tensión que tuve cuando por espacio más seis horas me fue imposible orinar una gota, así que hubo de hacer una cirugía que afortunadamente se atendió a tiempo, aunque de emergencia, pero además resultó exitosa, aunque seguí en observación durante casi un mes  hasta que de nuevo me puse en circulación, con optimismo y con mucha fe de que todo iba a salir bien al final. Dije en ese momento, “esto se acaba hasta que se acaba…”.

En junio de 2020 cumplí dos años de tratamiento y afortunadamente el Antígeno Prostático siguió a la baja y fue que mi médico urólogo decidió en esa consulta que sería la última inyección trimestral del bloqueo  hormonal y se esperaría los siguientes tres meses para ver el comportamiento del antígeno prostático, fue así que en la consulta del 21 de septiembre, el Dr. Viveros, tomo la decisión de concluir con el tratamiento y seguir con los análisis de laboratorio en este año.

Para terminar, quiero decir que esta crónica es en primer lugar para hacer memoria y que en este Día Mundial del Cáncer tomen en cuenta que todo esto que me ha pasado sirva para hacer conciencia y llamar la atención de todos aquellos jóvenes-adultos mayores de 40 y 50 años, a que prevengan el cáncer de próstata, empezando por hacerse los análisis de Antígeno Prostático, que yo nunca atendí, y aquí están las consecuencias; en segundo lugar, buscar las formas para que se fortalezca el GRUPO DE AYUDA Y RECUPERACIÓN DEL CANCER DE PROSTATA “ERNESTO AGRAMONT MENDOZA”, A.C que dicho sea de paso, en marzo cumple 10 años de haberse fundado,   por mi parte, hare todo lo humanamente posible para colaborar y apoyar en su fortalecimiento.

La Paz, Baja California, a 4 de febrero de 2021, Día Mundial Contra el  Cáncer.

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