«Cuando no había nada, cuando todo aquí era oscuridad. Cuando sólo la sombra poseía los
espacios, cuando las tinieblas eran solamente ellas; entonces no había tierra, ni cielo, ni agua, ni
fuego. La oscuridad fue la condición primordial, la antesala de la creación.
Meltípájal, la deidad creadora coyote-gente-luna, hizo la Tierra y todas las cosas, se quedó
dormido mientras fumaba. El humo de su pipa crecía y crecía desparramándose por el vasto
espacio. El humo formó la Vía Láctea: el camino de humo del cielo, un camino de nube por el
que todos los Kiliwas tarde o temprano caminarán para ascender a los cielos de los Muertos.»
Cosmogonía Kiliwa (1)
Nysaí Moreno
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Desde el territorio Sagrado del Pueblo Nativo Kiliwa para observar la Vía Láctea, hasta los modernos telescopios del Observatorio Astronómico Nacional Sierra San Pedro Mártir (OAN-SPM), México construyó su contemplación profunda del cosmos mirando al cielo, y más tarde, su modernidad científica.
Aunque a veces pase desapercibido, el desarrollo tecnológico nacional, sus redes, sus centros de datos, sus modelos numéricos, sus antenas y sus satélites, tiene un origen profundamente astronómico. Desde los primeros intentos por conectarse a Internet hasta las investigaciones recientes con telescopios espaciales y redes interferométricas globales, la astronomía mexicana ha sido una fuerza discreta pero decisiva en el progreso del país.
Las noticias desde el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (IA-UNAM) y el Observatorio Astronómico Nacional Sierra San Pedro Mártir (OAN-SPM), narran una misma trama: entender el universo requiere desarrollar tecnología, y desarrollar tecnología transforma el país. Es una historia de conexión entre disciplinas, infraestructuras y generaciones de científicxs que han hecho posible que México se sitúe en la frontera del conocimiento astronómico mundial.
La primera señal de esa relación íntima entre cosmos y tecnología ocurrió en 1989, cuando México se convirtió en el primer país latinoamericano en conectarse formalmente a Internet. Ese hito no nació del mundo empresarial ni gubernamental, sino del impulso de Gloria S. Koenigsberger Horowitz, astrónoma mexicana del Instituto de Astronomía de la UNAM (IA-UNAM).
Koenigsberger cuando regresó de su doctorado en Estados Unidos, buscaba algo práctico y monumental a la vez: acceder desde México a los telescopios de la NASA sin tener que viajar a Estados Unidos. Al regresar al país, ella comenzó un estudio de estrellas masivas; astros de varias veces la masa del Sol que evolucionan de manera violenta y terminan sus vidas en explosiones o en sistemas binarios de interacción gravitacional extrema. Para estudiarlas necesitaba datos espectrales en ultravioleta, longitudes de onda que la atmósfera terrestre bloquea y que solo pueden capturarse desde el espacio. El satélite que los producía era el IUE
International Ultraviolet Explorer, un proyecto conjunto de la NASA, la Agencia Espacial Europea y el Reino Unido que transmitía esa información directamente a los investigadores. El problema: acceder a esos datos desde México obligaba a viajar físicamente a Estados Unidos. Koenigsberger decidió que eso no tenía sentido.
Para lograrlo, negoció con la National Science Foundation (NSF), la National Aeronautics and Space Administration (NASA) y Servidores Públicos Nacionales, la instalación de nodos satelitales conectados al satélite Morelos I. Ella gestionó la conexión que permitió recibir esas señales del espacio directamente en suelo mexicano. Lo que resolvió un problema científico concreto se convirtió, sin que nadie lo hubiera planeado así, en la primera conexión formal de Internet en América Latina.
Esto abrió el camino para que todo un país se conecte a internet, inaugurando una infraestructura que en décadas siguientes sería indispensable para todos los sectores. No es de extrañarse que el periodo en el que se modernizaron los telescopios del OAN-SPM fue de 1990 a 1998, cuando Koenigsberger dirigió el Instituto de Astronomía de la UNAM.
La astronomía fue, literalmente, la puerta de entrada del país al mundo digital.
El país que aprendió a mirar el cielo
En las noches frías de la sierra, en los domos silenciosos de sus observatorios, en las antenas que apuntan a los astros y en las computadoras que descifran señales que viajaron millones de años, este país ha construido su relación más profunda con el conocimiento.
Mirar el cielo nunca ha sido un lujo: ha sido un acto de construcción de conocimiento.
Desde su cumbre, a 2,830 metros sobre el nivel del mar, donde la atmósfera se vuelve diáfana y el brillo de la Vía Láctea deslumbra en el cielo, el OAN-SPM es el ojo más poderoso de México para escudriñar el cosmos. Con una flota de telescopios que incluye el reflector de 2.1 metros y una constelación de instrumentos robóticos como COATLI, DDOTI y SAINT-EX, el observatorio es una fábrica de descubrimientos.
Aquí, en este Observatorio Astronómico que tenemos, se indagan algunos de los misterios más profundos del universo. Se estudia el nacimiento de las estrellas y sus sistemas planetarios, desde las protoestrellas envueltas en sus cunas de polvo hasta la formación de mundos que podrían albergar agua líquida. Se persiguen los destellos más violentos del cosmos, los estallidos de rayos gamma que anuncian la muerte de estrellas masivas, y se monitorean las huellas que dejan los objetos más allá de Neptuno en el proyecto TAOS II.
Pero su mirada también se vuelve hacia lo cercano y lo práctico. Sus telescopios participan en la búsqueda de exoplanetas en zonas habitables, contribuyendo a responder si estamos solos en el universo. El OAN-SPM es un socio clave en proyectos globales de vanguardia. La colaboración con la NASA para el instrumento RATIR y su participación en el Next Generation Event Horizon Telescope (ngEHT) –el proyecto que busca filmar agujeros negros– lo colocan en el mapa de la astronomía mundial.
A partir de esta evidente capacidad de investigación, se revela una pregunta que atraviesa siglos de ciencia:
¿Para qué sirve un observatorio?
Un observatorio es el lugar donde un país mide su capacidad de comprender, prever y producir conocimiento. Es un laboratorio de atmósfera, óptica, electrónica e ingeniería. Es, en términos prácticos, un instrumento de soberanía científica.
Los observatorios también vigilan asteroides que podrían impactar la Tierra, monitorean tormentas solares que amenazan satélites y redes eléctricas, y sostienen los sistemas de navegación global –GPS, Galileo, BeiDou– al calibrar los relojes atómicos que los hacen funcionar. Las técnicas que desarrollan para capturar luz en la oscuridad absoluta han derivado en avances en medicina, telecomunicaciones y materiales que hoy usamos sin saber su origen astronómico.

Sierra San Pedro Mártir. Fotografía: Guillermo Cervantes M.
La pregunta completa no es “¿para qué sirve un observatorio?”, sino:
¿Qué significa que un país tenga uno?
Significa que participa del diálogo universal más antiguo. Desde aquí, el país no solo observa el universo; contribuye a descifrarlo, desarrolla tecnología de punta y forma a las generaciones que escribirán el futuro de la ciencia.
Sin embargo, toda esta maquinaria de conocimiento, todos estos esfuerzos y colaboraciones, dependen de una característica tan frágil como fundamental: la oscuridad del cielo. Esa oscuridad, que convierte a San Pedro Mártir en uno de los mejores sitios de observación del hemisferio norte, está siendo amenazada.
El megapuerto en Punta Colonet: una amenaza en marcha
A menos de cien kilómetros en línea recta desde la cumbre de San Pedro Mártir, en la costa del Pacífico, se gesta una amenaza que podría extinguir la luz de México para la astronomía. Se trata del megapuerto de Punta Colonet, un proyecto que ha resucitado tras ser cancelado en 2006 por su inviabilidad ambiental y social.
El gobierno federal y estatal han autorizado un proyecto de megapuerto que abarcaría 2,686 hectáreas de zona marina y una franja industrial en tierra. La construcción está programada para ejecutarse en tres etapas hasta 2039 e incluye la instalación de seis terminales especializadas, una planta desalinizadora, una terminal de hidrógeno verde y una conexión ferroviaria que enlazaría Punta Colonet con la frontera de Estados Unidos.
El dragado de las 2,686 hectáreas de zona marina que esto implica, es un daño ecológico alarmante. La Mesa de Colonet (ecosistemas únicos como el chaparral marítimo y las charcas vernales) que alberga un ecosistema de una riqueza biológica excepcional considerado una «isla
biológica» con más de 371 taxones de flora, de los cuales más de 40 son endémicos, se encuentra en amenaza.
El modelo extractivista de este proyecto responde a una lógica de nearshoring y a la externalización de impactos ambientales hacia el sur global, sirviendo a intereses logísticos transnacionales y no a una estrategia de desarrollo nacional. Lo que la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) no contempla son estudios de impacto acumulativo, ni justifica la necesidad de una obra de esta magnitud, que convertiría al municipio de Ensenada en una de las zonas con mayor concentración portuaria del país, a pesar de que en México existe un sistema portuario amplio y diverso, compuesto por más de 100 puertos marítimos, y al menos 118 terminales federales y estatales, distribuidas en sus dos litorales.
No hay una fuente oficial que sume las hectáreas totales de todos los puertos mexicanos en un solo número. Lo que sí existe, aunque no de manera exacta, son las cifras individuales de los principales puertos; Lázaro Cárdenas: 3,834 hectáreas, Veracruz: 1,113 hectáreas, Altamira: 1,600 hectáreas, Manzanillo: 437 hectáreas, Coatzacoalcos: 648 hectáreas. La suma de estos cinco puertos principales: ~7,600 hectáreas de tierra-mar combinadas.
Agregar 2,686 hectáreas de zona marina exclusivamente para el pretendido megapuerto de Punta Colonet (sin contar la franja industrial en tierra) equivale a incrementar en más de un tercio la superficie portuaria de los cinco puertos principales del país. No hay déficit de capacidad documentado que lo exija. No hay estrategia de desarrollo nacional que lo justifique. El puerto se construiría en México, pero la riqueza no se quedaría.
La pregunta que la MIA no responde es por qué, con la infraestructura ya existente, México necesita un nuevo megapuerto. El proyecto avanza por etapas, en una estrategia de fragmentación que diluye en trámites administrativos las preguntas de fondo sobre soberanía, biodiversidad y justicia territorial.
La pérdida del cielo que esto significa es alarmante. La operación del puerto generará una contaminación lumínica masiva y constante. Los astrónomos del OAN-SPM ya han advertido que, aunque se mitigue, el daño a la oscuridad del cielo es inevitable. La luz artificial, amplificada por el polvo de la construcción, creará un «domo de dispersión» que opacará la visibilidad astronómica y pondrá en riesgo décadas de investigación y el estatus del OAN-SPM como uno de los mejores sitios de observación del hemisferio norte.
La decisión sobre Punta Colonet no es solo una decisión de infraestructura; es una decisión sobre el futuro científico y el tipo de país que México quiere ser.
Los mensajeros del universo primitivo
Hay explosiones en el universo tan violentas que por un instante superan el brillo de galaxias enteras. Duran segundos. A veces minutos. Los kiliwa nombraban a las estrellas fugaces como las chispas de la pipa de Meltípájal: señales de que alguien en la tierra está a punto de morir y que el cosmos lo acompaña. Para los rarámuri, las estrellas que explotaban eran guerreros en su última batalla. En el Chilam Balam de los mayas, las estrellas no caían: anunciaban el fin de una
era y cedían el paso a la siguiente. El cielo también tiene sus despedidas. Para la astrofísica moderna son exactamente eso: “el funeral cósmico” de una estrella masiva que agotó todo su hidrógeno y se consumió de una manera que la Dra. Becerra llama, sin exceso, mágica.
En astrofísica hay fenómenos que no esperan. Una explosión de rayos gamma dura lo que dura, y después no queda nada que observar. Las explosiones más violentas del universo son también las más breves. Toda la arquitectura de telescopios robóticos del OAN-SPM existe, en parte, para no llegar tarde a ese fenómeno. La Dra. Rosa L. Becerra estudia exactamente eso: lo que el universo hace cuando algo masivo termina, y la fracción de segundo en que es posible verlo. Ella lleva años aprendiendo a no parpadear.
La Dra. Rosa Leticia Becerra Godínez se formó como física en la UNAM y luego en astrofísica. Pero su tesis doctoral sobre emisiones ópticas de destellos de rayos gamma, no se escribió desde un escritorio: se escribió con los datos del telescopio robótico Coatli, en la cima de San Pedro Mártir. Por ese trabajo recibió la Medalla Alfonso Caso en 2019.
Desde entonces no ha dejado de perseguir explosiones. Hizo estancias posdoctorales en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y en la Universidad de Roma, y hoy forma parte de los comités que evalúan las propuestas de observación para las misiones espaciales Fermi y Swift de la NASA; es decir, no solo observa, sino que ayuda a decidir qué merece ser observado.
La Dra. Becerra nos platica en una entrevista vía zoom, sobre su estudio de la muerte de estrellas masivas del universo (supernovas, colisiones de estrellas de neutrones, agujeros negros).
“Me dedico a descifrar lo que ocurre cuando las estrellas masivas agotan su hidrógeno y terminan de una manera mágica… ya sea a través de explosiones colosales o mediante colisiones extremas entre objetos compactos.”
De esos colapsos emergen destellos de luz conocidos como gamma-ray bursts (GRBs) que viajan a la velocidad de la luz y por instantes producen tanta energía que su brillo es comparable al de galaxias enteras. Son los mensajeros más lejanos que tenemos del universo en sus edades tempranas.
“Podemos hacer observaciones de este tipo de explosiones fuera de nuestra galaxia, lo cual nos ayuda a entender un poco mejor, sin observar directamente la galaxia, lo que sucede en otras partes del universo y como la luz va interactuando hasta que llega a nosotros.”
Para detectarlos, los telescopios robóticos del OAN-SPM están programados para recibir la notificación y apuntar de inmediato a las coordenadas exactas del fenómeno para capturar los primeros datos. Estas explosiones duran minutos, a veces horas. Si no se captura la señal al instante, la fuente se debilita o desaparece. No hay segunda oportunidad.

Emisión de un destello de rayos gamma (GRB). Simulación de los chorros de alta energía expulsados tras la colisión de objetos compactos, un evento transitorio cuya detección inmediata en luz visible lidera la comunidad astronómica mexicana. Crédito: NASA’s Goddard Space Flight Center.
“En los últimos años hemos enfrentado a serios obstáculos ambientales para la observación, como la basura espacial acumulada de los satélites Starlink de SpaceX en la órbita baja –que eso ya es un enorme problema mundial pues representa una gran interferencia notable en todas imágenes astronómicas–, y ahora se suma esta enorme amenaza de contaminación lumínica de ese megapuerto. Si esto sucede, se dificultará aún más hacer observaciones”, explica la Dra. Becerra. “Cada vez estamos más limitados, y eso repercute en el tipo de ciencia que podemos hacer.» Cada nueva interferencia reduce el campo de lo que podemos conocer.
“Actualmente en el campo en el que yo me desarrollo, que es esta ciencia de transitorios, de estas explosiones muy rápidas, México es el líder.”
En términos tecnológicos, el diseño y gran parte de la inversión económica destinados al OAN-SPM se han enfocado en optimizar los instrumentos para capturar la radiación emitida por fenómenos altamente energéticos. Específicamente, los telescopios están configurados para registrar la luz de explosiones vinculadas a ondas gravitacionales, eventos provocados por el colapso de estrellas masivas o por la colisión de objetos compactos, tales como agujeros negros y estrellas de neutrones.
–La palabra clave aquí es la palabra independencia–, expresa.
Al respecto, señala que si bien Chile es un referente astronómico global gracias a las condiciones óptimas de sitios como Atacama, La Silla o La Serena, el masivo desarrollo de su infraestructura actual depende por completo del financiamiento y capital invertido por países europeos.
La doctora nos explica, que la falta de apoyo financiero e institucional por parte de los gobiernos latinoamericanos frena el desarrollo tecnológico propio. Esto provoca que, a pesar del enorme potencial geográfico de algunos territorios, consorcios europeos terminen siendo los dueños de la infraestructura, los instrumentos y el tiempo de observación en sitios clave como Chile, acentuando una marcada desigualdad en la soberanía científica latinoamericana.
“… porque México no solamente tiene telescopios históricos que son el 2.1 metros, el 1.5 y el punto 84 metros, sino que actualmente está invirtiendo mucho en hacer telescopios robóticos como los que trabajo yo, que es para hacer ciencia de transitorios para exoplanetas, como SAINT-EX, que es el nombre del autor del Principito, que son para hacer detecciones de objetos transneptunianos”
La relevancia fundamental de este desarrollo radica en la soberanía científica: a diferencia de lo que ocurre en Chile, por ejemplo, donde las instituciones locales a veces disponen de apenas el 10% del tiempo de observación, en México la comunidad científica nacional tiene prioridad absoluta sobre el uso del tiempo y el rumbo de las investigaciones.
Esto significa que los instrumentos no se instalan de manera azarosa, sino que se diseñan con objetivos científicos específicos y metas claras. A pesar de los retos presupuestales, la libertad de definir las líneas de investigación prioritarias e instrumentar los telescopios según los intereses de los grupos de trabajo locales es posible gracias al respaldo de la UNAM, el CONACYT y diversas universidades regionales.
“De tal forma que el desarrollo de la tecnología y las ideas provienen de mexicanos y se quedan para mexicanos.”
A lo largo de los años, el desarrollo del OAN-SPM ha consolidado una inversión integral que abarca tecnología de vanguardia, financiamiento estratégico y la formación de talento científico para la consolidación de equipos de investigación altamente especializados. Esta sólida base científica posiciona a la astronomía mexicana en un lugar privilegiado y único dentro de América Latina.
“Lo que no queremos es ir a hacer la ciencia a otros lados, ir a producir tecnología a otros lados, diseñar para que termine esto favoreciendo a otros países, a otras universidades, a otras instituciones…
Si ya contamos con este desarrollo, fruto de tanto esfuerzo y tiempo invertido, lo justo es que el beneficio sea para México y que los descubrimientos generados se queden en casa.”
Lo que la Dra. Becerra describe no es un logro abstracto. Es un edificio construido con décadas de trabajo, financiamiento y visión. Pero los edificios se caen. Y en México, los cielos también. Tonantzintla es la prueba.
Tonantzintla y Xaal haq, las dos ventanas al universo
Existen en México dos lugares de astronomía que cuentan historias complementarias. Los observatorios de Tonantzintla (Puebla) y el de Xaal haq (Sierra San Pedro Mártir, Baja California). El de Tonantzintla nos sirve de ejemplo para saber lo que sucede cuando la contaminación lumínica arruina la investigación astronómica.
★ Tonantzintla
Tonantzintla fue, durante décadas, la joya de la astronomía mexicana. Hoy es un museo de lo que pudo seguir siendo. Cuna de la astrofísica moderna en México y uno de los centros de instrumentación más importantes de América Latina en el siglo XX. Hoy opera únicamente para proyectos educativos, instrumentación, divulgación y trabajos específicos de baja demanda óptica. Ya no es un observatorio para ciencia porque la expansión urbana y la contaminación lumínica hicieron imposible realizar astronomía óptica de alto nivel.
Tonantzintla es memoria viva, no un modelo replicable. Lo de Tonantzintla ocurrió porque no hubo protección del cielo (NOM’s para regular la oscuridad del cielo), y ese error no puede repetirse en San Pedro Mártir, que es uno de los cielos más oscuros y estables del mundo.
★ Xaal haq
Los Kiliwa, sin embargo, no lo llaman San Pedro Mártir. Ellos lo nombran desde mucho antes de que el estado existiera, desde antes de que los telescopios llegaran. Para ellos, esa serranía es Xaal haq.
En 1967, cuando el cielo del Observatorio Astronómico Nacional de Tonantzintla Puebla, fue “apagado” por la contaminación lumínica, el Instituto de Astronomía de la UNAM comenzó a buscar otro espacio para el nuevo Observatorio. Tuvieron que andar a caballo y burro para adentrarse a la sierra, en expediciones de varias semanas. Tomás F. Espinoza, hijo de la curandera Kiliwa conocida como “La Chepa”, sirvió como guía a los astrónomos de la Ciudad de México que vinieron a explorar la sierra, buscando un sitio donde instalar el nuevo observatorio. Desde entonces, laboró en esa dependencia de la UNAM y fue pionero en la construcción del centro astronómico.
La historia del OAN-SPM no solo es la historia de generaciones en astronomía en México: es el observatorio en el territorio que los Kiliwas ya observaban y ya nombraban, mucho antes que la ciencia astronómica instaló sus observatorios astronómicos con telescopios potentes.
Hoy entendemos que es un santuario atmosférico único, plataforma para proyectos internacionales y laboratorio de astrofísica moderna. Aquí desde la Península de Baja California, México participa en estudios estelares, exoplanetarios, cosmológicos y de tiempo-dominio. Aquí se imagina la próxima generación de telescopios nacionales. San Pedro Mártir no es solo un observatorio: es la infraestructura científica más estratégica del país en términos de astronomía, atmósfera, fotometría, seguimiento de objetos cercanos a la Tierra, instrumentación, colaboración internacional y formación de talento.
Interludio. El Canto de los Tres Mundos. Cosmogonía Pericú
Recreación libre basada en los registros de Del Barco y Baegert
Antes de la medición de la existencia, cuando todo era una enorme roca de fuego y humo en una inmensa oscuridad, tres fuerzas colosales habitaban el espacio sin saber cómo hablarse.
En lo más alto de la bóveda celeste habitaba Niparajá, el Señor del Cielo; él era el espacio obscuro entre los cuerpos celestes y al mismo tiempo, la luz de las estrellas; puro pensamiento, orden y silencio nocturno. Desde el límite donde el firmamento se hacía visible, emergió Anayicoyondi, la Madre de todo lo que late. Si Niparajá era el pensamiento, Anayicoyondi era la fuerza que las hacía nacer. Con su aliento sopló el polvo de estrellas viejas y modeló la Tierra.
Pero abajo, en los mantos más profundos, en las grietas de lo subterráneo y en el océano indómito, rugía Guactupará. Él era un ser de fuego y al mismo tiempo, de agua líquida; de corrientes bravas y misterios subterráneos. Él amaba el movimiento furioso, las calderas marinas y los volcanes.
Durante eones, el Cielo y el Océano chocaron en un vaivén de olas gigantescas y vientos huracanados. No peleaban por maldad, se peleaban porque eran fuerzas enormes buscando manifestarse, buscando su lugar.
Al final, Niparajá descendió con una red hecha de luz de estrellas y envolvió a Guactupará. No para destruirlo, sino para pactar un límite: «Tu reino será el fondo del mar y los abismos de la tierra. Serás el guardián de lo oculto».
Con el impacto de un meteoro, Guactupará se sumergió en las profundidades. Para comunicar su poder vivo, creó a las criaturas más grandes del planeta: las ballenas, dotándolas de pulmones para que su canto mágico viajara a distancias inmensas. Cada vez que una ballena emergía a respirar y golpeaba el agua, los pericúes sabían que el orden y el caos seguían conversando en el equilibrio perfecto del Canto de los Tres Mundos.
Y cuando la noche es muy clara y el mar está tranquilo, si guardamos silencio, podemos escuchar cómo los tres siguen conversando. Niparajá no podría existir sin Anayicoyondi ni Guactupará, sin ellos, ¿cómo podrían las criaturas que habitan la tierra de Anayicoyondi entender su lugar en el universo? (2)
El cielo que no se negocia
Lo que parece una constelación de noticias separadas (la entrada de México a Internet, los censos del cielo con el LSST, la modernización del VLTI con GRAVITY+, la imagen del agujero negro de Circinus con el James Webb, los modelos de nubes moleculares, etc.) en realidad es una sola historia, un solo arco narrativo:
México se construye cuando se conecta a la astronomía.
La astronomía ha sido la columna vertebral silenciosa del avance tecnológico mexicano: desde la llegada de Internet por la urgencia de operar telescopios a distancia, hasta el desarrollo de algoritmos locales que hoy interpretan los datos del James Webb y el software que inserta al país en el censo de macrodatos del LSST. Lejos de ser espectadores, la instrumentación nacional exporta tecnología como el grisma del VLTI a los observatorios más potentes del mundo, mientras que modelos de nubes moleculares programados «a mano» descifran la dinámica de casi cien galaxias. Toda esta soberanía científica no flota en el vacío; se sostiene en la cumbre de San Pedro Mártir, un santuario cuya oscuridad hace viables estos proyectos globales.
Por eso, cuando hoy se discute la construcción de un megapuerto en Punta Colonet, a menos de cien kilómetros en línea recta del OAN-SPM, la pregunta deja de ser técnica o administrativa. Se vuelve una pregunta civilizatoria.
Los grandes observatorios del mundo –Mauna Kea, Paranal, La Silla, Atacama, Canarias–existen porque sus países entendieron que la oscuridad es infraestructura científica. Chile protege Atacama con decretos estrictos. Hawái mantiene cinturones de amortiguamiento. España regula al milímetro la iluminación en Canarias.
México, en cambio, está a punto de enfrentar una decisión que marcará siglo y medio de astronomía nacional: ¿permitirá que el único cielo de clase mundial que le queda sea degradado por un proyecto industrial cuyo daño será irreversible, subordinando el futuro científico del país a un negocio de capitales externos que exporta la riqueza y nacionaliza el despojo?
El Canto de los Tres Mundos es una cosmogonía del equilibrio. Dragar 2,686 hectáreas del fondo marino es silenciar a Guactupará. Arrasar con ecosistemas únicos en la Mesa Colonet es matar a Anayicoyondi. Cubrir el territorio de luz artificial es borrar a Niparajá. Y cuando una civilización fragmenta, no construye un puerto: rompe el equilibrio.
Un puerto puede construirse en muchas costas. Un cielo como San Pedro Mártir solo existe en tres o cuatro sitios del planeta. Un megapuerto en Punta Colonet no solo amenaza flora, fauna, endemismos, corrientes, sedimentos, comunidades y litorales: amenaza la única ventana de México al universo. Y cuando un país pierde su ventana al universo, pierde algo más que ciencia: pierde futuro.
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Para mayor información sobre el Megapuerto en Punta Colonet, leer el 1er ensayo: https://www.elorganismo.com/punta-colonet-y-la-amenaza-del-megapuerto/
Imagen de portada: El «funeral cósmico» en expansión. Animación que muestra la nube de escombros de una kilonova emitiendo luz visible e infrarroja tras la fusión de dos estrellas de neutrones. Fenómenos altamente energéticos y efímeros como este son capturados en fracciones de segundo por los telescopios robóticos de San Pedro Mártir. Crédito: NASA’s Goddard Space Flight Center.
Fuentes consultadas
- (1) Cosmogonía Kiliwa. Adaptación del mito registrado por Jesús Ángel Ochoa Zazueta. El texto mantiene la estructura narrativa y los nombres originales, con ligeros ajustes de redacción para adecuarse al ritmo del ensayo.
- (2) Recreación libre basada en los registros de Historia natural y crónica de la antigua California, de Miguel del Barco y Noticias de la península americana de California de Jacob Baegert, quitándoles el peso católico de sus interpretaciones. Los misioneros documentaron fragmentos a través de un filtro ontológico que impone dualidades (bien/mal, arriba/abajo, dominación/sumisión), una gramática de sujetos separados del mundo, y una lógica temporal lineal que es profundamente ajena a los sistemas de pensamiento de los grupos nativos del desierto peninsular.
- Becerra Godínez, Rosa Leticia. Entrevista vía Zoom con la autora. Junio 2026.
- Colegio Nacional. «Hasta hoy existen más de 6 mil exoplanetas detectados.» Aníbal Sierra. https://colnal.mx/noticias/hasta-hoy-existen-mas-de-6-mil-exoplanetas-detectados-anibal-sierra/
- Diario Oficial de la Federación (2006). Acuerdo de delimitación y determinación del recinto portuario correspondiente al Puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán. https://www.ordenjuridico.gob.mx/Federal/PE/APF/APC/SCT/Acuerdos/2006/13022006%281%29.pdf
- Dirección General de Desarrollo Urbano (DGDU), Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU). Dictamen de Impacto Urbano para el proyecto Puerto Punta Colonet. México, 2024. Documento interno, versión DIF-DGDU PUNTA COLONET.pdf.
- Instituto de Astronomía, UNAM. «Líneas de investigación.» https://astronomia.unam.mx/tipos-de-investigacion/lineas-de-investigacion/
- Koenigsberger, Gloria. Los inicios de Internet en México. Universidad Nacional Autónoma de México, Dirección General de Divulgación de la Ciencia. https://www.libros.unam.mx/digital/v6/59.pdf
- Ochoa Zazueta, Jesús Ángel. «Cosmogonía Kiliwa.» El Vigía, 18 de marzo de 2018. https://www.elvigia.net/palabra/2018/3/18/cosmogona-kiliwa-298804.html
- Ramírez, Elisa. «El mundo se hizo así.» Arqueología Mexicana, núm. 89, 2016, pp. 18-19. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/el-mundo-se-hizo-asi
- Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Manifestación de Impacto Ambiental del Proyecto Puerto Punta Colonet (versión 2024).
- Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). (2024). Oficio No. SRA/DGIRA/DG-02415-24: Requerimiento de información adicional al promovente del Puerto Punta Colonet. Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental. Ciudad de México.
- Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Resolutivo sobre el Proyecto Punta Colonet (Resolutivo 3). Año de emisión desconocido. Documento interno.
- UNAM. Gaceta UNAM. «San Pedro Mártir y sus observaciones óptimas.» https://www.gaceta.unam.mx/san-pedro-martir-y-sus-observaciones-optimas/
- UNAM Global. «Exoplanetas, zonas habitables, formación estelar, sistemas planetarios.» https://unamglobal.unam.mx/global_revista/exoplanetas-zonas-habitables-formacion-estelar-sistemas-planetarios/
- UNAM Global. «Observatorio Astronómico Nacional San Pedro Mártir.» https://unamglobal.unam.mx/global_revista/observatorio-astronomico-nacional-san-pedro-martir/
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