María Luisa Cabral Bowling

El foro de Davos se llevó a cabo virtualmente del 25 al 29 de enero con la participación de jefes de Estado, representantes de los grandes intereses económicos y algunas personalidades. Es la reunión internacional de más alto nivel para manifestar los principales acuerdos de cúpula, aunque las decisiones se toman en un grupo mucho más pequeño.

La Agenda  se centró en el objetivo de reconstruir la confianza en el futuro, después de desastroso 2020. Los temas planteados fueron: diseñar sistemas económicos cohesivos, sostenibles y resilientes, impulsar la transformación y el crecimiento responsable de la industria, mejorar la gestión del patrimonio mundial, aprovechar las tecnologías de la cuarta revolución industrial y avanzar en la cooperación. Ya se había anunciado la propuesta para el nuevo orden económico mundial, con el llamado Great Reset, Gran Reinicio, señalando la necesidad de reestablecer prioridades y definir reformas económicas urgentes, con “una movilización pionera de líderes mundiales para dar forma a los principios, políticas y asociaciones necesarias en este nuevo contexto desafiante”.

Hay que señalar varias precisiones importantes. Supuestamente pretende establecer una “programación global… para… ayudar a los líderes a elegir soluciones innovadoras y audaces para detener la pandemia e impulsar una recuperación sólida”, como si el problema lo hubiera producido la pandemia y hubiera que recuperar lo que se tenía antes, cuando lo que se tenía antes ya era insostenible, la crisis ya se veía venir y se sabía que sería por lo menos de la dimensión de la gran depresión de los 30s del siglo pasado y a nivel global. La pandemia solo aceleró la recesión y le sirvió de pretexto.

No se puede desconocer la gravedad de la crisis del Covid 19, las más de 100 millones de personas contagiadas y más de dos millones de personas fallecidas en todo el mundo, los impactos del confinamiento, el stress, las secuelas y las afectaciones de todo tipo que ha causado. Pero la crisis económica, que es estructural, sistémica, se venía construyendo hace tiempo y es la que ha provocado la falta de atención médica suficiente en todo el mundo, las deficiencias alimenticias y las principales causas de las llamadas comorbilidades, el desempleo y la precariedad que obliga a las personas a salir a la calle para sobrevivir. Si la mayoría de las personas en edad productiva tuvieran un empleo o un ingreso seguro y suficiente, atención médica garantizada, un nivel de educación suficiente para enfrentar de mejor manera una pandemia, la situación sería muy diferente.

En Davos la mayoría de los “líderes mundiales”, no reconocen la crisis del propio sistema y por eso lo quieren resetear y no transformar. Dicen que: “las mismas causas de los desafíos que enfrentamos hoy, son las razones de los avances en prosperidad que hemos visto en otros dominios”. Además, con el claro predominio de la digitalización de todo quieren moldear el mundo futuro a su conveniencia, porque las principales corporaciones transnacionales son las de Silicon Valley, las Big Tech, que han hecho aún mayores fortunas con la pandemia, que manipulan y censuran la información a través de los medios que monopolizan, al margen de gobiernos y de instituciones internacionales. En Davos no se habla de democracia o de participación ciudadana, sino de echar a andar un capitalismo de “stakeholders”,  en donde quienes decidan sean gobiernos, grandes empresarios, con las “partes interesadas”, las grandes mayorías quedan excluidas y ya no se trata del bien común sino de que esas élites gestionen el patrimonio común y la gobernanza. Nos informan cómo quieren rediseñar el nuevo orden. Lo bueno es que han provocado un gran rechazo mundial.

Publicado originalmente en la revista Punto Universitario (febrero-2021) de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS).

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