Patricia Valenzuela

Conocer al Maestro Tomás fue para mí todo un gusto, hacer los comentarios de su primer libro un gusto doble, que se triplicó al hacerlo ante la comunidad que lo vio crecer y sobre todo en el espacio cultural de La Vendedora de Libros.

Estoy segura que no fui la única emocionada de escuchar al Profe. Tomás narrar sus ingeniosas y divertidas andanzas, en el rostro cada una de las personas que asistieron a la presentación pude percibir esa misma emoción.    

“El Maestro y los mangos”, al inicio me pareció peculiar el título del libro. Por casualidad fue la primera anécdota –que lleva este nombre- que leí al abrir el libro al azar. Conforme me fui adentrando en su lectura me resultó lógico y me quedó muy clara la razón de por qué, el Maestro Tomás lo eligió para nombrar algo tan significativo, como lo es un primer libro. Es sin duda, de las historias más largas y conmovedoras que forman parte de las dieciocho contenidas. 

“El Maestro y los mangos” guarda en su interior sencillos, divertidos y emotivos relatos con los que reí y me conmoví casi hasta las lágrimas. Son esa mezcla de prolijidad en los detalles de la narración, llaneza en sus palabras y la forma en que rescata el leguaje coloquial de ese entonces, lo que le da a cada uno de sus ellos un significado muy especial.  

El plus son los valores que al final de cada historia podemos apreciar y rescatar. Es un libro corto que invita a la reflexión, de las principales desde mi perspectiva; es el papel del Maestro en las comunidades, en la vida de las y los estudiantes. Su influencia en cada familia, en el mismo México en la época en que el profe se desenvolvía como docente. ¿Valores que tal vez se han devaluado? Sería interesante saber que piensan ustedes, las personas que me leen.

¿Qué ha cambiado de la década de los sesenta a este momento en el magisterio? Porque el Maestro Tomás deja ver su gran desempeño como docente no sólo en el aula, su trabajo fue mucho más allá de esas cuatro paredes. 

Otra cosa que me emocionó fue leer los momentos de su niñez y me sorprendió mucho cuando en su charla nos contó que no había tenido una infancia feliz. Aunque ahora si lo parece, y mucho.         
En su narrativa identifiqué varios lugares que describe o menciona: la antigua escuela Benito Juárez (hoy Palacio Municipal), Las barracas o colonia Hidalgo, donde construyó lo que fue su primera casa propia (todavía  se le nombra así, “barracas”).

En sus relatos también retrata la vida de su familia y de otras más. Familias numerosas, padres autoritarios, mujeres abnegadas. Así como el rol que cada integrante ocupaba en la cotidianidad dentro de ella y la sociedad. Sus tareas, diversiones, sueños. 

Claramente pude hacer un comparativo y ver tanto las grandes diferencias, como las similitudes con las familias del siglo XXI. “El Maestro y los mangos” es un gran y sencillo libro que deberíamos leer quienes vivimos aquí en Santa Rosalía. En él sin duda, quienes son originarios de Cachanía o vivieron aquí en esa misma época, podrán reconocer a sus abuelos y abuelas, amistades de sus padres y madres, amistades propias. Quienes no, tendrán clara visión de la vida en una comunidad de origen minero y francés al transcurrir el tiempo. Maestras y maestros podrán tomar muchas de las experiencias de Tomás como ejemplo que les ayuden a mejorar su trabajo o en su acercamiento con alumnas y alumnos. 

En “El Maestro y los mangos” hay guardados retazos significativos de la historia de nuestra comunidad. El profe Tomás ha dejado además de un legado, todo su corazón.

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