Patricia Valenzuela

El municipio de Mulegé es mágico. Un lugar de ensueño. Un territorio vasto lleno de maravillas naturales.

Conozco sus playas y mares, dunas, desiertos y cañones. Me he conmovido con el avistamiento de ballenas, visto saltar delfines en perfecta sincronía. Observado a enormes lobos marinos descansar plácidamente sobre grandes rocas. Nadado con el pez más grande del planeta (Tiburón ballena). He visto asombrada: mantarrayas, garzas, águilas pescadoras; juancitos, venados y coyotes cruzar mientras transito la carretera Transpeninsular, México 1.

Pero para poder admirar estas otras maravillas que son las pinturas rupestres, tuve que trasladarme hasta las entrañas de la Sierra de San Francisco.

Estar frente a las cuevas La Pintada y Las Flechas, es y será otra de las más fantásticas, increíbles e inolvidables experiencias de vida. Quienes han tenido la oportunidad de estar ahí me darán la razón.

La entrada a la comunidad de San Francisco de la Sierra, se encuentra a treinta kilómetros al norte de San Ignacio, más treinta y siete a partir de la desviación en la carretera México 1.

Lo mejor del viaje es que no hay que esperar a llegar al destino para disfrutar. Desde el inicio del recorrido pude observar paisajes únicos: la inmensidad del desierto y su hegemonía, las montañas que imponentes truncan su extensión. Las puestas de sol incendiándolo todo con su gama de colores que hacen brillar los rostros de quienes contemplamos su agonía. Y a lo lejos todavía perceptible, El Pacífico; tan manso y sumiso solo en apariencia.

Así transcurre el tiempo por un camino en su mayor parte de asfalto Es un vaivén de rectas y curvas, subidas y bajadas, respirando solo cielo y tierra. Ahí la vida toma otro sentido.

Mientras avanzábamos imaginé cómo serían aquellas pinturas de las que tanto se habla y que nos pertenecen, ya que fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad, por la UNESCO, en 1993.  Es decir, además de disfrutarlas nos corresponde también protegerlas. 

En ese limbo cultural en el que me sumergí, me hice preguntas, una de ellas fue: ¿cómo es posible que toda una comunidad desapareciera sin que se sepa hasta la fecha a ciencia cierta qué fue de ella?  Pregunta que vierto a mis acompañantes y tampoco saben responder (me).

Sin duda es un viaje lleno de dudas y elucubraciones que aumentan mi ansiedad por llegar, para ver, respirar y oler ese pasado del que me separan miles de años.

Llegar no es fácil. Es necesario recorrer aproximadamente de 15 a 20 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta a pie, desde el campamento.

Mayo es un mes donde el calor no se ha instaurado del todo, a pesar de eso, sus mañanas fueron suficientemente cálidas para socavar un poco mi ánimo. ¡Cómo no!, si parecía que no avanzaba debido a los inclementes rayos del sol, impuestos en el centro de un cielo claro y despejado. Cuando mi vista en busca del arroyo topaba con montañas. Cuando no podía saciar la sed por más agua que tomara.

Todas estas sensaciones constataron mi pequeñez y fragilidad ante la imponente grandeza de la naturaleza que se mostró altiva y orgullosa. Sin embargo, siempre generosa, noble y bondadosa.

Para fortuna de quienes visitamos ese sitio, existe un grupo de guías que conocen muy bien la zona, la mayoría de ellos originarios de ese lugar. Aman su trabajo, saben cuidarlo y nos guían con mucha seguridad. Amables en todo momento, sencillos, tranquilos, respetuosos y siempre sonrientes. Los animales de carga merecen un reconocimiento especial, ya que por ellos la caminata es menos pesada.  Se les puede montar si las fuerzas nos fallan.

El silencio es interrumpido por el silbido del viento, cuyo diálogo es indescifrable o por el canto de los rancheros.

Sendero perfecto para conectarse con la Madre Tierra. Para fortalecer cuerpo y espíritu.

Al final del camino, cuando estuve a unos cuantos metros de las cuevas, el corazón me latió muy fuerte y los ojos se me humedecieron, no pude dejar de sonreír. Fue pura emoción. Y es que verme ahí, incrédula y sorprendida ante esas figuras humanas de mujeres y hombres siempre estáticos, de animales (venados, conejos, pulpos, ballenas) siempre en movimiento. O de elementos abstractos (círculos, flechas, soles) en su propio plano, otras superpuestos todos, es algo lleno de misticismo. Es un lugar donde predominan colores como el rojo, negro, ocre y amarillo, ¿por qué? Cada quien tiene una hipótesis, su propia teoría. Se realiza todo un ejercicio de imaginación, que se combina con datos científicos e históricos. Reunión donde cada persona opina, donde el diálogo se abre. Nadie quiere dejar de ser partícipe. Cada visitante observa perpleja, maravillada, rebasada ante tanta historia, un pasado tan lejano como tangible. Otras en cambio, no menos felices, no menos perplejas, preferimos guardar silencio y solamente observar conmovidas. Compenetrarnos y sentir que tenemos algo de esas figuras milenarias.

Muchas preguntas quedan sin respuesta. Existe un aura misteriosa que todo lo envuelve. La mente humana alcanza a descifrar el por qué, el para qué, el cómo de todo aquello. Pese a ello me pregunto: ¿por qué no solo ir y plantarnos frente a esas pinturas y dejarnos maravillar sin cuestionar?  Inmediatamente yo misma me respondo: imposible. La mente siempre inquieta busca respuestas que a veces no existen.

No me canso de agradecer a la vida la gran oportunidad de poder conocer estas cuevas. Legado histórico y cultural de la humanidad.

Por último, para visitar las pinturas rupestres es obligatorio ir en compañía de guías certificados, pagar los derechos al INAH y muy importante, llevar ropa y calzado apropiados, comida y agua suficiente.

No crearse ninguna expectativa es una buena sugerencia, simplemente dejarse sorprender por la vida.

Es un recorrido a la medida de aquellas personas amantes de Baja California Sur, de sus paisajes, de la cultura, naturaleza y el esfuerzo físico.  

Hay que recordar que la comunidad de San Francisco de la Sierra tuvo que cesar actividades debido a la pandemia, por lo tanto, su economía se ha visto afectada sobremanera. Hace apenas un par de semanas se reactivaron, no obstante, un mes queda aproximadamente para que los recorridos a estas cuevas puedan realizarse, ya que el fin de la temporada se acerca debido al calor.  Así que planear un viaje aún es factible. En esto todos salimos beneficiados, mientras una parte disfruta de las maravillosas y enigmáticas pinturas rupestres, los lugareños obtienen ganancias para subsistir el resto del verano.

Lectura sugerida: Los últimos Californios, de: Harry Crosby.

Viaje realizado en mayo de 2018.

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